Entre lunas, by Adolfo Villafuerte
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Entre lunas, by Adolfo Villafuerte

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Entre lunas es un libro autobiográfico/fantástico sobre un periodo de la vida del autor en que posiblemente fue un hombre lobo. El relato comienza cuando este es recibido como huésped en casa de una familia que ofrece ayudarlo mientras él se recupera económicamente. El narrador teme no poder irse de la casa antes de la próxima luna llena y hacerles daño a sus benefactores después de convertirse. El relato cuenta con varios intermezzos sobre diferentes personajes, que funcionan para presentar diferentes aristas de lo bestial antes de llegar a la conclusión de la narrativa principal.

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El hermano Lobo

 

El milagro es la explicación inocente e ingenua

Del misterio real que habita en el hombre, del

Poder que en él se disimula.

Pier Paolo Pasolini

 

“Te lo juro por mi madre: lo que nos separa

De lo que no entendemos es la ignorancia.”

Señora de sociedad de Puebla

En: Los ritos del caos

Carlos Monsiváis

 

 

Mi padre ha tenido muchos nombres. Uno de ellos era hermano Lobo. Un extinto poeta manizalita que se hacía llamar Lumpenor llamaba a mi padre: hermano Lobo. Acaso es por esa razón que para mí la única escena significativa en la fábula de Roald Dahl, llevada por Wes Anderson al cine, Fantastic Mr. Fox[1], es aquella en la que aparece el lobo. El Zorro, que es conocido en la tradición occidental como un animal astuto, es cerebral y se encuentra, por su tendencia al diseño del engaño, escindido de la naturaleza feral del lobo. La escena es breve. Brevísima. El Zorro divisa la sombra del lobo en lo alto de una roca y tras interpelarlo en varios idiomas, la única manera de lograr una respuesta es el gesto: el Zorro levanta su puño y el lobo le responde. En el ademán hay un énfasis simbólico inusitado que luego se destilará en las palabras y en la actitud de añoranza del Zorro al reconocer que el lobo es una criatura magnífica. Es decir que el astuto Zorro querría ser el primitivo y libre y poderoso lobo.    

Para el caso de lo que plantea Adolfo Villafuerte en su novela, el lobo, libre y salvaje, es la naturaleza de la que se halla amputado también la especie humana. Al ser humano le es imposible encontrar esa pulsión de lo primario en otras criaturas por violentas (el reptil) o por semejantes (el simio); pero ambos temperamentos medran en la genética del homínido sapiens sapiens. Porque lo que se es. es indescifrable, una vecindad distante e intocable, se prefiere el símbolo. El lobo es el ser que acecha en la oscuridad más allá de la candela, que es la civilización en la historia que se relata y se redime dentro del círculo de luz. El lobo es el miedo cerval no a lo desconocido, sino al cierto y bestial vigor de la naturaleza, presente en un hecho: el peligro de estar vivos.

El hombre ha estado más cerca, en su ideación o relato, del lobo que de otra criatura. El homo silvestris en el que se transforma Merlín en la Vita Merlini es ser que cede al llamado de lo salvaje para enfrentarse a una revelación imposible de comprender con los elementos de la mente. A menudo, este hombre, mitad demente, mitad sublime, loco y santo, es visto en cuatro patas y alimentado por una familia de lobos.

En una sociedad de la desesperanza premeditada, el hombre lobo, el licántropo, es la medida del misterio y la respuesta total a la burocracia. El individuo desesperado que no encuentra su lugar en la sociedad porque lo que él es la sociedad no lo quiere halla su espacio en la transformación. La persona que le da la espalda al sistema por denunciar lo que este es: un despropósito, es tildado de loco, es un proscrito, es un indigente. Su lugar está entre las ruinas o al margen de las vías del tren o en las postrimerías de las ciudades donde arden los fuegos fatuos de quienes cuya respuesta al sistema fue: ¡NO!

En Entre lunas, el personaje se ha dado un plazo determinado para intentar integrarse a la sociedad y teme lograrlo porque su intento es la institucionalización del zorro o del perro: quiere sobornar al venal mundo. Pero descubre que hacerlo es renunciar a la honestidad. Como Gregorio Sansa, el hombre de esta ficción, debe transformarse y abrazar su destino y ser repudiado para no ceder a la impostura de la vida bajo el yugo del sistema de la civilización. El licántropo se transforma en la amenaza que teme el sistema, el hombre bestia que se desplaza a los límites de la norma y de la razón para abrazar este ideal: la libertad. Una libertad que no es negación del yo, sí una proscripción de lo humano, porque lo humano significa ser un negociante.

El licántropo, con la llegada de la luna llena, el misterioso ojo sin párpado que obsede al poeta, se niega a regirse por el capitalismo y se viste con la piel del vidente.

Elias Canetti afirma que el poeta es aquel que lleva todas las transformaciones dentro de sí. Adolfo Villafuerte propone la visión de un individuo que es forastero y que solo obedece a su propio código ético y en ello está cerca de la desobediencia civil y, por tanto, de una verdadera revolución del carácter. La propuesta es, pues, internarse en el negro corazón de la noche y abrazar la llamada primigenia.

 

Roberto Segrov

Enero - 2021   



[1] Pero en la novela de Dahl jamás se hace mención del lobo.

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